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jueves, 19 de abril de 2012

Existe la fuente de la eterna juventud?

Durante milenios, el hombre ha soñado con fuentes que manan agua rejuvenecedora y con elíxires capaces de curar todas las enfermedades y de conferir la inmortalidad. Se dice que el mito de la Fuente de la Vida nació en India; aunque los conquistadores españoles también buscaron ríos mágicos en América. Hoy en día seguimos buscando la fuente de la eterna juventud. Vamos a que nos pongan menjurjes en la cara, tomamos vitaminas, hacemos ejercicio y compramos toda clase de productos inútiles que nada tienen de milagrosos con el afán de ganarle tiempo al reloj. Sin embargo, el secreto de la eterna juventud podría encontrarse en el lugar menos esperado...

De acuerdo con la mitología griega, los dioses bebían un néctar maravilloso que les regalaba la inmortalidad. En la antigua China se pensaba que la ingesta de ciertos materiales preciosos como el jade, el oro o la hematita confería una vida larga. También se llegó a utilizar mercurio y arsénico para preparar las pociones de la longevidad, por lo que más de un emperador murió antes de tiempo por querer prolongar su estancia en el mundo.

Algunos buscaron el Río de la Inmortalidad, que otorgaba vida eterna a todo aquél que se bañara en sus aguas. Otros estaban obsesionados con la legendaria Fuente de la Vida, que renovaba el vigor y rejuvenecía a los ancianos. El mito de la Fuente de la Vida tuvo su origen en India, en la primitiva tradición brahmánica, sin embargo, hoy se conoce como fuente de la vida a cualquier río o manantial que posea aguas medicinales o curativas.

Juan de Mandeville fue un imaginativo y apasionado explorador del siglo XIV, famoso por su Libro de las maravillas del mundo, en donde relata las aventuras que vivió durante sus supuestos viajes por Egipto, Asia, India y China. En su obra, Mandeville describe tierras fantásticas pobladas por gigantes y enanos. También afirma haber encontrado la fuente de la eterna juventud: Habla de una fuente noble y hermosa, de aguas aromáticas y exquisitas que fluían al pie de una montaña en la ciudad de Polombé. “El que bebe de esa agua en cantidad suficiente, sana de sus enfermedades, ya no se enferma y es siempre joven. Yo, Juan de Mandeville, vi esa fuente y bebí tres veces de esa agua con mis compañeros, y desde que bebí me siento bien, y supongo que así estaré hasta que Dios disponga llevarme de esta vida mortal”. No obstante, Juan de Mandeville murió en 1372, pocos años después de haber encontrado la presunta fuente de la juventud. Es por ello que el relato de sus viajes generalmente se considera una impostura.

Los indios de América profesaban cierta veneración por unos árboles que poseían cualidades medicinales. Los llamaban “árboles de la vida”, “de la inmortalidad”, “palo santo” o “guayacán”. Afirmaban que estos árboles eran capaces de transmitir sus virtudes a los ríos y a las fuentes que corrían cerca de sus raíces. Asimismo, hablaban de un río de aguas rejuvenecedoras que se convirtió en la obsesión de los expedicionarios españoles. De hecho, el conquistador Juan Ponce de León descubrió la Florida y las islas de Bimini debido a su afán por encontrar la fuente de la juventud.

Por otra parte, cientos de hombres alrededor del mundo codiciaron la mítica piedra filosofal, una sustancia capaz de convertir cualquier metal en oro, de devolver la juventud perdida y de conferir la inmortalidad. Sin embargo, ningún alquimista logró hacer realidad el sueño de la vida eterna. Tal vez todos ellos buscaron en el lugar equivocado.

Los monjes tibetanos aseguran haber encontrado el tesoro de la eterna juventud. De acuerdo con la cultura oriental, el ser humano posee siete chakras o vórtices energéticos encargados de mantener en equilibrio los centros físico, mental, espiritual y emocional. Los chakras deben girar a una velocidad uniforme y determinada para lograr la alineación, de lo contrario, el cuerpo enferma y envejece. Los monjes tibetanos recomiendan cinco ejercicios básicos de yoga para que los chakras trabajen de manera armoniosa. Estos son los famosos “ritos tibetanos”, que prometen conferir juventud y longevidad a cualquiera que los practique de forma cotidiana.

La realidad es que la juventud se encuentra en la mente. El alma envejece cuando llega la monotonía, cuando el rencor invade el cuerpo, cuando se deja de valorar la vida. Por ello, no pare de sonreír, disfrute como un niño, deléitese con cada amanecer y con cada luna. La fuente de la juventud se encuentra en nosotros; la fuente de la amargura, también. Sólo usted puede decidir de qué agua habrá de beber.

Si desea mayor información acerca de los cinco ritos tibetanos, visite la página: www.yogallimite.com